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Manifiesto – SubVersiones

Varias son las razones que nos impulsan a construir este proyecto, razones que quisiéramos explicar antes de presentar las características y los objetivos de este esfuerzo político, múltiple y colectivo. No nos parece pertinente desarrollar esta iniciativa sin antes detenernos un momento, un instante, si se considera lo que el futuro nos depara, para reflexionar acerca de las motivaciones que nos llevaron a este camino.

México actualmente es un país inmerso en una guerra oficialmente no declarada en su totalidad, ese momento no ha llegado aún, gracias a ello podemos trabajar sin la necesidad de ocultarnos o de ocultar nuestro esfuerzo; hoy día este país sufre el empeoramiento de su males más añejos: pobreza, desigualdad, injusticia, despojo, persecución, división, el hundimiento a cuenta gotas de un barco al cuál estamos ligados ineludiblemente. Sabemos que la enfermedad que causa estos síntomas se llama capitalismo, lo que no sabemos todavía es cuál será el rostro que adquiera su cura, o cuándo podremos decir que empezamos a sanar; lo que sí podemos asegurar es que estamos empecinados en contribuir a esta cura, podemos afirmar que la necedad es para nosotros voluntad de cambio profundo.

Nuestro país -y este es sólo uno de los ámbitos que requiere urgente atención- tiene la desafortunada suerte de contar con uno de los cercos mediáticos más herméticos que hayamos podido constatar los que integramos esta agencia, un cerco que se ha fortalecido en los últimos diez años a raíz del ascenso de la ultraderecha al poder. Hemos sido testigos de cómo la prensa electrónica y escrita  no permite sino limosnas para democratizar el derecho a estar informado y comunicado.

Actualmente los medios masivos de comunicación son instituciones que responden a intereses privados, operan bajo la lógica del mercado y su principal móvil es la reproducción de las ganancias que les proporcionan el patrocinio de diversas empresas y marcas, así como los mensajes pagados por gobiernos y partidos. Además, sus principales accionistas pertenecen a las más altas esferas del poder económico y político, con lo que se convierten en corporaciones que poco a poco se han ido fusionando con otras redes comunicativas y con otras corporaciones transnacionales -consolidando así los grandes monopolios-, que traducen sus amplios privilegios económicos en poder político.

El papel de estos grandes medios de comunicación es determinante para orientar el pensamiento político, los valores, las normas y diversos comportamientos. En la actualidad, las ideas difundidas masivamente a través de los medios de manera intensiva y extensiva, tienen una influencia que ha llegado a ser determinante en la configuración de las relaciones sociales, de la cultura política, y la actividad humana en general. La maquinaria mediática actúa insistentemente alimentando la compulsión consumista de millones de personas, criminalizando y aislando las disidencias sociales o favoreciendo a ciertos sectores de la clase política, con los que se encuentran coludidos. Ellos contribuyen a crear una imagen de la realidad que aparenta ser la única real, la única posible.

Hoy en día México vive una realidad mediática predominantemente hermética, consolidada por el desgobierno de la ultraderecha y por las tendencias de un contexto comunicativo internacional centralizado, unívoco y antidemocrático. El poder mediático encabezado por el duopolio televisivo y los monopolios radiofónicos, y secundado por buena parte de las publicaciones (periódicos y revistas), se ha convertido en un arma política de alcance inusitado.

El grupo Televisa posee 306 estaciones de televisión que abarcan el 80% del auditorio nacional y el 70% de los presupuestos de publicidad, y Televisión Azteca cuenta con 180 estaciones, acaparando el 20% del auditorio y el 30% de la publicidad. México se encuentra asfixiado por estos grandes monopolios de la información que controlan la televisión, la radio, la prensa escrita e incluso la prensa por Internet, aunque ahí todavía sea incipiente su dominación. Este país de abundancia cuenta con grandes recursos, y buena parte de los fondos monetarios giran en torno a la hipervalorización del control mediático disfrazado de libertad de expresión; la ley avalada por la impunidad y el Estado beneficia a estos monopolios enmascarados en diversas empresas, quienes detentan el poder tecnológico y mediático, también creen controlar toda la opinión ya que, avalados por una legislación decadente, son sólo una cara de lo que pretenden ser aquellos que forman la oligarquía nacional.

El espectáculo, la sangre y la ‘diversión’, son la forma en que los pulpos mediáticos ‘esconden mostrando’ o simplemente esconden. La generación de la información en radios y en televisión, salvo algunas honorables pero muy honrosas excepciones, es una danza de millones de dólares, que se entremezclan con las noticias de las “estrellas” del momento. En medio de esa danza millonaria que mueve el negocio mediático, de sus actrices y galanes fabricados en series sin fin, de sus escándalos  por negocios políticos, ¿dónde cabe, entonces, la palabra de la gente de abajo?, no hay sitio.

No obstante, hace falta un elemento fundamental en esta reseña de la penosa situación actual de los medios de comunicación, es decir, la contraparte del terrorífico escenario mediático que hemos descrito, la gestación de otro tipo de periodismo que ha ido caminado lentamente pero siempre de manera decidida: el desarrollo contestatario del periodismo crítico.

El país cuenta con una amplia tradición en esta otra forma de hacer periodismo, que se ha construido a contracorriente, a veces entregando la vida, otras tantas asumiendo persecución y exilio como gajes del oficio. Desde el trabajo crítico que hacía “Regeneración”, bajo la dirección de los hermanos Flores Magón, pasando por “El Ahuizote” en tiempos de gran agitación antidictatorial, el gran aporte hecho desde el suplemento “México en la cultura”, la labor del periódico “Unomásuno” antes de que éste se transformara en otro tipo de proyecto, el surgimiento y consolidación de la revista “Proceso” siempre con una postura crítica ante el Estado, en fin, tan sólo mencionamos algunos proyectos aunque si se revisa la historia del periodismo en México, por lo menos en el siglo XX es posible encontrar una línea editorial que, de diversas formas y con medios distintos, se ha mantenido contrapunteando a los medios oficiales; nos gustaría, sin embargo mencionar específicamente uno.

A mediados de los años ochenta surge un periódico que representa una afrenta al poder estatal, un alzamiento de voz cuando nadie lo hacía seriamente, este periódico es a su vez el resultado de un proceso más largo, que no pretendemos explicar aquí; un grupo de intelectuales y periodistas comprometidos deciden abrir una brecha para que la democratización del país pueda iniciarse, al menos en términos de opinión. Durante muchos años ha sido un referente, durante muchos años este periódico se convirtió en el medio informativo de la izquierda en sus variadas vertientes, incluso hoy se trata de un periódico fundamental para el país, todavía se considera un medio serio y veraz.

Sin embargo, hemos de decirlo claramente, esto ha cambiado, La Jornada ya no es un proyecto periodístico alternativo, ahora es una empresa que mantiene un perfil inclinado en cierta medida –cada vez menos clara- a la izquierda, se ha transformado en un medio de comunicación que obedece a muchas más leyes del mercado de las que dice romper, y eso es grave si se toma en cuenta que la forma más engañosa de ocultarlo es mantener espacios para los artículos de grandes pensadores progresistas como si eso fuera suficiente para considerarse de izquierda. Pero preguntamos ¿cuántas veces hemos luchado para llamar la atención de la prensa nacional, cuántas huelgas, manifestaciones, plantones, protestas, eventos y muertes hemos pasado sin poder lograrlo confiándonos en que este periódico haría una nota, nos colocaría en primera plana, nos publicaría una carta, un comunicado? Muchas han sido las decepciones, muchas han sido las mañanas en que vemos con tristeza y rabia que el único medio que esperábamos no nos abandonara, sin embargo, lo ha hecho y por si esto no fuera poco, todavía nos restriega en la cara una nota inútil. Mencionamos este ejemplo porque consideramos que, a diferencia de la radio y la televisión -sectores tradicionalmente censurados y manipulados-, la prensa escrita nacional, mantenía espacios abiertos para no caer en la desilusión actual, y claro, porque si hay algo de lo que se mantenga el prestigio “progresista” de este periódico es de las luchas sociales, o sea de lo mejor que este país ha dado en las últimas décadas. No existe razón suficiente para no ser tomados en cuenta, al fin y al cabo, somos su materia prima.

Esta condición de materia prima nos plantea la posibilidad de convertirnos no en una mercancía sino en la sustancia de un sujeto social, es decir, en lugar de ser sólo una parte del contenido de las notas -si tenemos suerte-, ahora planteamos la posibilidad de que sean las luchas sociales las que participen del proceso de construcción de la información y abran el espectro a la existencia de un sistema de comunicación e información que no acabe de construirse; es esta una labor de imbricación en la lucha por la transformación del país desde esta trinchera periodística.

Varios son las raíces que nos alientan en los esfuerzos por construir otros lazos de comunicación y otros medios de información a contracorriente de la lógica actual del silenciamiento. Radios comunitarias, páginas electrónicas, medios libres, están ahora mismo luchando por construir proyectos de comunicación autónomos, por llevar las voces críticas de la denuncia, la lucha y la esperanza más allá de sus propios ámbitos,  por hacer escuchar las voces urgentes y claras de la resistencia.

Por sólo dar algunas pistas de lo que queremos decir: desde los lugares más empobrecidos como Xochistlahuaca o Metlatonoc en Guerrero, en los Altos de Chiapas, en Oaxaca, sólo se puede recuperar la palabra tomándola por asalto. Es un aprendizaje histórico: experiencias radiales en toda Latinoamérica, televisivas (que son las menos) y redes por Internet  son las formas en que la gente comienza a reconquistar su memoria y sus luchas. Sin embargo, el camino por delante es largo. En el panorama al que nos enfrentamos, estos esfuerzos son aún insuficientes, y el poder del Estado asedia y reprime estas experiencias, apostando a su desarticulación, vía la persecución y la violencia.

Es así que durante los años 2008 y 2009, la radio comunitaria “La voz que rompe el silencio” del Municipio Autónomo de San Juan Copala en Oaxaca, fue acallada de manera brutal, primero con el asesinato de sus locutoras triqui, Felícitas Martínez y Teresa Bautista. Luego, un grupo paramilitar armado de filiación priísta (UBISORT), tomó el Palacio Municipal y al mismo tiempo destruyó las sencillas instalaciones de la emisora, las cuales habían sido conseguidas con mucho esfuerzo. De la misma manera, la radio Ñomndaa en Xochistlahuaca, Guerrero, nacida de la importante experiencia de la Policía Comunitaria en esa zona, sufrió un intento de desmantelamiento de sus instalaciones. El 10 de junio de 2008 la Agencia Federal de Investigación (AFI), la Secretaría de Comunicaciones y Transportes (SCT) y la policía ministerial, ingresaron de forma violenta al lugar donde funciona la radio, pretendiendo llevarse los equipos y clausurar las oficinas, aduciendo que la radio no contaba con un permiso legal. La defensa que la comunidad hizo de su radioemisora fue contundente, decenas de personas llegaron hasta el lugar y afirmaron algo totalmente cierto: la radio es legítima aunque no tenga un permiso legal, porque transmite la voz del pueblo Suljaa’.

En México las condiciones en el ámbito comunicativo e informativo han empeorado desde que la ultraderecha controla el Estado, lo que no significa que la época del partido de Estado haya sido mejor, simplemente se trataba de un modo distinto de ejercer la censura y la manipulación informativa. Nuestra generación creció en medio de esta situación que se consolidaba como habitual, al mismo tiempo que una nueva -más intransigente- surgía, y mientras que una nueva fase de hundimiento del país ocurría. Es esta la época que vivimos ahora y que nos mantiene en una dinámica de enfrentamiento.

Este país que pretende ser cegado con la desinformación, está también polarizado porque se le impide mirar a las distintas realidades que convergen en el territorio nacional, impiden que se vea con claridad la realidad del país y ocultan la guerra que existe, la lucha de clases y la guerra intestina por el control de los recursos naturales y financieros. Acusamos a los medios de comunicación nacional de ser cómplices de la barbarie que sufre México, de ser cómplices y causantes de la guerra que se desatará si no los detenemos en su asquerosa valorización del valor informativo, en la mercantilización de la información.

¿Será suficiente con lo anterior o habrá que profundizar más? Tal vez aporte decir que en la época del Partido y el Sr. Presidente, había el Noticiero y el Periodista, hoy existen muchos que antes ya existían pero que estaban opacados, sin embargo, muchos que al final han terminado por seguir siendo los componentes de una línea editorial manipulada para ocultar, para desinformar, ahora hay mucha más tecnología que hace veinte años, y sin embargo no es posible afirmar que esto es garantía de acceso libre y total a los medios.

Condenamos combativamente el cerco informativo en el que vivimos, porque estamos cansados y desesperados de ver con qué facilidad se nos miente, se nos engaña y se nos trata de ignorantes. Decimos combativamente porque estamos listos para aprender una labor que nos lleve a romper este cerco, porque la tarea periodística seria, comprometida con una ética humana, es en sí misma una labor combativa.

Nuestras motivaciones se funden en las palabras que hemos dicho hasta ahora, las razones de tanta indignación serán visibles al mirar profundamente este intento por construir un país distinto, más cercano a la realidad que hemos padecido y que de ahora en adelante será nuestra trinchera también, nuestro rostro y nuestro espíritu. Dejaremos atrás las trabas de la división para optar por la unión, porque sólo unidos lograremos enfrentar al derrotero de la enajenación.

Hemos dicho que nuestra época es un escenario de enfrentamientos, pero no nos referimos únicamente a las decenas de miles de muertes que se han arremolinado para cimbrar este país, hacemos referencia además en la profunda división existente entre quienes deciden y quienes formamos parte del resto que obedece, a regañadientes o complacientemente, pero obedece. Desde el periodismo crítico es nuestro deber hablar de la gestación de un conflicto mayor al que protagonizan los cárteles del narcotráfico y el Estado, creemos que si no empezamos a surcar la tierra, nuestro destino será un enfrentamiento desorganizado de consecuencias irreparables.

México se ha convertido en un país violento en varios sentidos, desde la violencia que significa salir a las calles a buscar cómo sobrevivir día a día, hasta la violencia discursiva que pretende engañar descaradamente a la gente, esa violencia es la que combatiremos con principios muy sencillos, con una ética de izquierda que no responde a ambiciones como el resto de los que detentan el poder; es cierto, hablamos amargamente de un país enfrentado que sube por la cuesta del caos y aún así nos empecinamos en luchar, pero nuestras armas son otras que la muerte y el engaño, nuestro armamento está en las ideas construidas desde la colectividad, en la transparencia de construir un espacio amplio que se mantenga con la palabra de los que siempre están fuera, y a partir de la necesidad de hablar de lo que nadie más menciona. Esas son nuestras defensas y nuestras ofensas, nuestro atrevimiento.

¿Vivir en el país más peligroso para hacer periodismo? ¿Plantearse un proyecto ambicioso que tratará de ser coherente en la práctica y en las ideas? ¿Vale la pena arriesgarse a tanto en épocas cómo esta, dónde sólo vale la pena dudar de todo y deconstruirlo todo para dejarlo así, inservible? ¿Tiene algún sentido optar por las narrativas como medio y como lanzas, optar por la escritura y la imagen, la palabra y el sonido para decir claramente lo que pensamos, lo que vemos, denunciar lo que condenamos y proponer lo que creemos viable? Algo que ha quedado muy claro desde hace mucho tiempo, es que siempre estamos llenos de preguntas, de interrogantes crudas, pero casi nunca nos atrevemos a construir las respuestas, y es en esta medida que consideramos la labor periodística como una vía para avanzar en este pendiente, para no defraudar a quienes lo han intentado arriesgando su vida y para no repetir la misma conformidad adormecedora en donde complacientemente flotamos.

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