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Radio Ñomndaa: palabras libres y verdaderas en los tiempos de la contrainsurgencia. Primera Parte

Costa Chica rebelde

Dicen que no valemos nada. O que no tenemos alma, ni inteligencia. Pero no saben esto. Es como si nosotros fuéramos algo que nadie conoce, como si fuéramos un secreto pues, en el mundo, el secreto de todo lo que existe en el mundo. Porque nosotros sabemos de la tierra lo que nadie sabe. Porque nosotros estamos limpios de tanto estar junto a la tierra.

Lucio Cabañas, en Guerra en el paraíso de Carlos Montemayor

¡Guerrero! la hermosa geografía de sus siete regiones está tejida por una turbulenta historia de violencia política, de explotación, de discriminación y de pobreza, donde las reglas de los poderes estatales, del crimen organizado, del narco y del caciquismo, se hacen cumplir a balazos. Todo queda en la impunidad, aunque no en el olvido.

Los muertos se suman dentro de la inmensa lista de los 66 mil 700 que ya existen en el sexenio panista actual [1]. Secuestros, torturas, asaltos de comandos armados, policías y militares que dan el tiro de gracia a estudiantes que no han llegado a cumplir aún los 24 años… en el calderonismo (que alguien llamó ya un “necro-gobierno” o, es decir, gobierno de la muerte), las noticias sobre feminicidios, juvenicidios o masacres son cosa diaria. Y en Guerrero, para la(o)s luchadora(e)s sociales, todo se vive como una larga y extendida “guerra sucia”, ya sea por los “cañonazos” de miles de dólares que llegan bajo la forma de “ayuda” y “proyectos de fomento rural”, por los asesinatos selectivos o por las masacres, en los cuales el viejo sistema clientelar priísta y político en general del estado mexicano está fundado.

Las cifras dolorosas se acumulan. Así, la estadística confirma que Guerrero es uno de los estados más pobres del país, pero ella no puede reflejar realmente lo que el capitalismo neoliberal y la maquinaria estatal han generado: campesinos que han llegado casi a la inanición; otros tantos que fueron desaparecidos y torturados; muchos más obligados, ante la crisis económica, a irse a las plantaciones agrícolas de las transnacionales del norte del país en condiciones de semiesclavitud, o a sembrar y trasladar “mercancía” para el narco [2]; las “guardias blancas” o paramilitares; abusos incontables del ejército cometidos contra mujeres; expoliación de los recursos naturales; un racismo que está enquistado en cada poro de lo social. “Ya no hay fronteras entre las fuerzas del orden con los grupos de la delincuencia” nos dice el Centro de Derechos Humanos de la Montaña Tlachinollan [3]. Éstas son las raíces del colonialismo actual, de la pobreza y la honda desigualdad en el sur de México.

Xochistlahuaca, Costa Chica, Guerrero.

Xochistlahuaca (Fotografía: Prometeo Lucero)

Aquí los pueblos indígenas, los sectores campesinos y populares, figuran siempre en las notas rojas del duopolio mediático. Sin embargo, ante las ráfagas de balas, el enseñoreamiento de la bota militar y los silencios del poder televisivo y radial, surgieron, rehaciéndose de las torturas y de las matanzas, una y otra vez, los movimientos campesinos, indígenas, de estudiantes y maestros, de trabajadores, los cuales tenazmente impugnaron la vorágine del sistema económico y político.

 El siglo XIX en Guerrero, fue testigo de varios levantamientos indígenas, así como los que se darían luego de la Revolución, en Tecpan, Ayutla de Los Libres, Atoyac, El Porvenir. Hace más de cien años, en las calurosas tierras costeñas, fracciones del Ejército libertador del Sur, bajo las órdenes de Emiliano Zapata, se levantaron en armas. Esos mismos lugares se conocieron en los 60 y 70 del siglo XX, por sus guerrillas. Genaro Vázquez en la Costa Chica; en la Costa Grande, Lucio Cabañas y los viejos fusiles Winchester que le aportaban los campesinos, contra la muy sofisticada contrainsurgencia e inteligencia gringa; los movimientos campesinos de los 80 y la Policía Comunitaria y todos sus retos. Por encima del exterminio, ellas y ellos son parte de nuestra memoria, al igual que Rodolfo Montiel, Felipe Arriaga, Teodoro Cabrera, Eva Alarcón y Marcial Bautista [4], campesinos y lideres ecologistas guerrerenses que pelearon por nuestros bosques de la Sierra de Petatlán, contra el poder caciquil, estatal y transnacional.

Menos mal que la historia de México, a pesar de Televisa y Tv Azteca, no sólo se cuenta desde la versión de Calderón, de Aguirre Rivero, de Díaz Ordaz, de Ulises Ruiz o de una Elba Esther Gordillo, sino desde los miles de rostros anónimos de los pueblos en rebelión, que acabaron con el acallamiento y que también tomaron los micrófonos.

Ante la fiereza de las zarpas del capital y del estado, surgen las “pequeñas trincheras” como las llama Geovani Valtierra, quien pertenece al pueblo amuzgo y es parte de la Radio Ñomndaa, la cual, al igual que en Cherán, en San Juan Copala, en Ostula, en Oaxaca o Chiapas, ha iniciado una lucha larga por recuperar la voz y la palabra. ¿Queda acaso otra opción?

Caciques y rebeldes

Xochistlahuaca o Suljaa’, en nahua y amuzgo, son palabras que quieren decir “la llanura de las flores”, lugar así llamado por su floresta, es uno de los lugares donde viven desde hace centenas de años los Nanncue Ñomndaa, la gente del agua. El compañero que solidariamente nos abre la puerta de su casa y nos brinda una taza de café guerrerense, nos dice que cree que se llama así por la belleza y el colorido de los tejidos que hacen las mujeres para la elaboración de los trajes regionales.

Algunas antiguas leyendas afirman que llegaron hacia la costa del Pacífico, desde “las tierras de en medio” (Ndyuaa Xenncue), unas islas solitarias. Durante la colonia, debido a la presencia española, se vieron obligados a migrar hacia el lado de Xochistlahuaca, la cual al parecer, era desde la época precolonial, la capital amuzga. Quedaron repartidos en varias zonas de la región y durante la colonia Xochistlahuaca quedó como parte de la encomienda de Francisco Herrera. Luego, pasó a depender política y religiosamente del corregimiento de Antequera (Oaxaca) [5].

Dicen los informes de la época, que de los 44 mil habitantes amuzgos contabilizados al inicio de la colonización; a fines del siglo XVI habían sobrevivido solo ochocientos. Estas cifras, revelan en gran medida el proceso de aniquilamiento de la población indígena en todo Guerrero, un exterminio que implicó la desaparición de pueblos enteros: los llamados Yacastecas, los Huehuetecas, los Quetzapotecas y los Cahutecas, y con ellos toda su matriz civilizatoria.

El pueblo amuzgo no sucumbió, pero la división de su territorio quedó institucionalizado con la creación de la república. Ometepec, el poblado más importante y grande del lugar, quedó fijado como intendencia, la cual añadió a su jurisdicción a los pueblos de Xochistlahuaca y otros poblados donde habitaban los Nn’anncue Ñomndaa, como Tlacoachistlahuaca. Otros quedaron del lado de la frontera interna que divide Guerrero de Oaxaca.

El sistema de poder que se estableció desde la independencia tiene en una de sus tramas más fuertes, a la dominación caciquil, que en Guerrero, es bastante añeja. Desde la creación de la república, generaciones diferentes de caciques sostuvieron su poderes grandes o más pequeños en la entidad, a través de redes de prebendas y por supuesto, de las armas. La vida estaba atravesada por el dinero y las balas de los caciques como los Neri de la época porfirista y luego los Figueroa o los Mariscal, de las primeras décadas del siglo XX [6]. Todas, familias que contaban con figuras muy bien conocidas y recordadas en la región. Sobre esta base de sometimiento de los pueblos campesinos e indios, luego se asentó e institucionalizó el poder del Partido de la Revolución Institucional.

Xochistlahuaca, Costa Chica, Guerrero.

Mujeres tejedoras de Suljaa' (Fotografía: Prometeo Lucero)

Paradójicamente tanto la independencia como la Revolución Mexicana, favorecieron a los hacendados del lugar, a los patrones. No sólo no se acabó con el poder regional de la(o)s caciques, sino que éste se profundizó y se entremezcló con las oscuras redes partidarias del priísmo. En medio de este panorama, durante los primeros años después de la revolución, se había prometido la “restitución de tierras”, sin embargo, mas bien se propició el “reparto agrario” de los ejidos, que servía al mega-estado mexicano en construcción, para presentarse como el ente que hacía el papel de “distribuidor”, lo cual ideológica y simbólicamente le otorgaba poder, además de que, materialmente, le servía para establecer relaciones prebendales, en las cuales la tierra era un bien negociable a cambio de favores políticos, como la fidelidad expresada en votos, exigida a los que recibían una parcela. Aún así, por la oposición de los gobiernos locales guerrerenses, el reparto avanzó muy lentamente en 1930 hasta los 40, cuando se estaba efectuando la Reforma Agraria cardenista y se estaban asentando las bases del corporativismo en el país [7].

Por su puesto, la situación no era homogénea en todo el estado. Según recuerdan habitantes de Xochistlahuaca, la revolución en su zona no tocó el poder hacendal y los amuzgos tuvieron que organizarse en los años 20 para recuperar sus tierras en poder del más grande dueño local de tierras Guillermo Hacho, quién vendió las tierras al norteamericano Lewis Lamm. La lucha de casi cuatro años por la restitución de sus tierras, fue una de las primeras que hicieron “los de Xochis”, logrando con la presión de las comunidades, que se expropiara al estadounidense más de seis mil hectáreas, bajo el título de “ejido”. A su vez, también se había peleado por que se mantuviera a Xochistlahuaca, como cabecera municipal, figura que también ya había pasado a ser parte de la dinámica comunitaria.

La memoria de lo que fue un día el territorio amuzgo es muy pertinaz. David Valtierra, uno de los fundadores de Radio Ñomndaa, quien siembra estas tierras y también las palabras, hace un recuento sobre cuáles son los pueblos amuzgos que están ahora entre Guerrero y Oaxaca, a los cuales la radio quiso llegar para hacer escuchar la lengua madre Ñomndaa y establecer una crítica al sistema local caciquil. La distribución de los ejidos, no implica la desaparición de la cultura y de las formas políticas tradicionales en Xochistlahuaca, aunque éstas hayan cambiado:

La región que se conoce como la Costa Chica de Guerrero, aquí esta parte donde estamos se llama Xochistlahuaca que para nosotros los amuzgos, como nosotros mismos nos decimos Nanncué Ñomndaa, nosotros decimos aquí Suljaa’, que significa un lugar plano donde hay flores (…) y pues todavía conservamos esa cultura de nuestros abuelos, de nuestras abuelas. El territorio, parte de la organización política, sigue conservándose pero también mucho se ha perdido (…) no solamente en este municipio es donde habitamos los amuzgos, también en el Municipio de Tlacuachistlahuaca, el Municipio de Ometepec, Municipio de San Pedro Amuzgo que es Oaxaca, que está por acá, que es el río y está Santa María Ipalapa, son los municipios que conforman el pueblo amuzgo. (…)Hay ejidos y comunidades, es algo político, una comunidad agraria es la que el gobierno mexicano reconoce, que de por sí ahí esta ese pueblo y que es su tierra. Y un ejido quiere decir que el gobierno les dotó la tierra. Aquí nosotros estamos como ejidos pero en realidad es una política del gobierno, no quiso reconocernos como pueblo indígena. “cómo, si yo les di su tierra”, es como un desprecio decir que el gobierno nos dio la tierra, cuando aquí han vivido nuestros abuelos (…) aquí en en nuestro pueblo amuzgo hay partes donde es ejido y hay partes donde es comunidad agraria.

Entrevista a David Valtierra

Esta es una de las razones fuertes de la lucha de todos estos años en la llanura de las flores: la defensa las tierras comunales de los intentos, por ejemplo del PROCEDE, por acabar con las mismas. A la par, esta defensa implica una pelea frontal contra el sistema caciquil y de partidos que operan como parte de la dominación que ya no es solo priísta sino toda una cultura política en la cual cualquier bando partidario terminará apoyándose.

Con los sabidos vaivenes de partidos y personajes, la estructura está ya asentada y reproducida, a pesar de las “transiciones”. Si no, recordemos las idas y venidas de Ángel Aguirre Rivero, actual gobernador del estado: era priísta hasta que renunció a su partido, apareciendo tres días después como candidato a la gobernatura por la alianza “Guerrero nos une”, del PT, PRD y Convergencia a principios del 2011; apoyado luego por su contrincante electoral del PAN, con el objetivo de derrotar en los comicios al candidato de la alianza del PRI, el PVEM Y PANAL, la cual por cierto se llamaba “Tiempos mejores para Guerrero”… una maraña de agrupaciones y nombres, lealtades momentáneas y carismas políticos en plena oferta. Los resultados siempre son iguales: estudiantes normalistas asesinados por marchar y repartir panfletos en la Autopista del Sol, activistas ecologistas desaparecidos. Todos los preocupados por que “nos una Guerrero”, no saben quién dio la orden para la represión a los normalistas, tampoco tienen idea, hasta la fecha, de dónde están Eva Alarcón Ortíz y Marcial Bautista Valle. Lo que sea por esos “tiempos mejores”, pero no dijeron ¿para quienes?, seguramente no para la mayoría de las y los guerrerenses que viven día a día los ametrallamientos de los comandos armados del narco y el crimen organizado, la violencia militar y paramilitar en las comunidades.

Esta inmensa red de omisiones, impunidad, abuso y millonarios intereses políticos y económicos, se mueve también entre familias herederas de los antiguos caciques. No era extraño pues, que en estos rancios linajes de patrones, haya sido un Figueroa, (Rubén Figueroa Figueroa, conocido como el “Tigre de Huitzuco”) quien recibiendo el poder cacical de su familia desde tiempos de la Revolución, haya asumido el 75, (aún durante el gobierno de Luis Echeverría) la gobernatura en Guerrero. Profusamente repartió palo y zanahoria a la vez: torturas a los simpatizantes de la guerrilla y planes económicos y productivos a organizaciones campesinas subvencionadas por el gobierno estatal, especialmente creadas para mantener a raya la rebelión campesina.

“Frijolitos y dinerito” decía Lucio Cabañas sobre la política del presidente Echeverría y del gobernador Figueroa, mientras era sabido que cientos de personas, en los “vuelos de la muerte”, eran arrojadas al mar desde aviones por ser sospechosas de subversión [8].Años más tarde, con el hijo del “tigre de Huitzuco”, se repetiría la historia familiar. Rubén Figueroa Alcócer, fue señalado como el principal responsable de la masacre de Aguas Blancas de 1995, donde fueron asesinados por la policia, 17 campesinos. Frijolitos y —como no— también los plomazos, lo mismo pasa en Xochistlahuaca [9].

Dentro de todo este panorama, en los últimos años, con la complicidad de dichas redes de poder caciquil, autoridades estatales de varias esferas locales y nacionales, los proyectos de explotación minera en Guerrero [10] amenazan la integridad y la misma existencia de los pueblos indígenas y campesinos.

El sexenio calderonista también funda, regionalmente, su supuesta cara “democrática” en todas estas estructuras complejas. Las y los caciques, desconocen totalmente la política comunitaria asamblearia, están fuera de los sistemas comunitarios de autoridad y han agredido ya a varias autoridades de las comunidades.

Ahora (las y los caciques del PRI) en si ya se metieron a descomponer el tejido social, pero si es el sistema de partidos lo que nos ha hecho mucho daño, porque las decisiones se toman Ometepec, en Chilpancigo, en todos lados, menos aquí. Ahora la persona que es presidente es porque tiene mucho dinero para hacer la campaña, porque tiene vinculaciones con la clase política y no es porque la gente lo quiera o no, antes era porque ya fue mayordomo, comisario ejidal, o hay cargos, antes era así, era un sistema de cargos y la persona que llegaba a ser presidente, es una persona que ha demostrado que sabe servir, no es porque tenga un discurso, no es porque tenga o pertenezca a tal grupo político, y ahora es así.
En el Estado de Guerrero la figura del cacique o la cacique, puede ser mujer, es una figura negativa, en la comunidad. Porque el cacique, la cacique, es una persona que a partir de su poder económico adquiere un poder político y ese poder rebasa el poder formal, el poder digamos de la policía, de tener decisiones porque lo que hace una cacique es imposición, lo que hace son imposiciones, masacres, entonces nuestro estado de Guerrero, hay una familia que desde los tiempos de Emiliano Zapata han sido los caciques de Guerrero, que ha sido la familia Figueroa y en nuestra región aquí en la Costa Chica actualmente, en la historia ha habido varios caciques que en algún momento se levantan y bueno los corren o se derrumba su poder, pero surge otro, surge otro, es como la cara del capitalismo, el cacique es la personificación del capitalismo feo.

Entrevista a David Valtierra

 No existe dominación sin resistencia, y mientras las autoridades estatales bailaban sobre los cadáveres de Vázquez y Cabañas, nuevos vientos de lucha surgieron en Guerrero. Esta vez no únicamente mediante las organizaciones campesinas, sino con la rearticulación de organizaciones indígenas en México, que desde fines de los 70 habían planteado un mirar la historia desmontando las versiones “oficiales” de ésta, concluyendo que: los pueblos indios de México, habían vivido, tanto en la colonización española como en la era republicana, la discriminación, el racismo y la exclusión, o una inclusión aparente [11]. La dominación se vivía pues no solo en términos culturales, sino políticos.

Xochistlahuaca, Costa Chica, Guerrero

El trabajo de las mujeres nn'anncue ñomndaa (Fotografía: Prometeo Lucero)

El Consejo de Pueblos Nahuas del Alto Balsas (CPNAB) y el Consejo Guerrerense 500 años de Resistencia Indígena, Negra y Popular, fueron espacios referenciales de confluencia de los reclamos de los pueblos indígenas. Posteriormente, en los últimos quince años se vivieron experiencias de carácter más local, muchas de ellas apoyadas en los logros del levantamiento zapatista de 1994. Varias de éstas resistieron a la cooptación y el discurso de reconocimiento “pluri-multista” estatales, recuperando el derecho político de ejercer los “usos y costumbres”, fuera de los “reconocimientos” que pueda otorgar el estado. Esperar dicha aprobación estatal, hubiese significado una nueva supeditación ante los caciques, patrones, hacendados y partidos. Una de estas experiencias es la que se dio en Xochistlahuaca.

 

Contra esa cara fea del capitalismo que decía David Valtierra, contra los abusos de la(o)s caciques, coludidos con autoridades estatales e incluso federales, se iniciaron varias movilizaciones amuzgas en el 2001 y el 2002, las cuales confluyeron en la iniciativa de noviembre de 2002, por parte de los pobladores de Xochistlahuaca, de conformar un municipio que debía recuperar el proyecto político indígena de “autogobierno” [12]. Tuvieron que enfrentarse al “legado” de 70 años de “partidismo agudo” y toda la política estatal y caciquil consiguiente, que, como en otros lugares, intentó por todos los medios aplastar la experiencia autónoma.

NOTAS

[1] Telemaíz, 17 de diciembre 2011, 66 mil 700 asesinados por “daños colaterales” en la guerra contra el narcotráfico: Sicilia en línea

[2] Víctor Ronquillo, La Jornada del Campo, 15 de enero 2011, La narco agricultura: cáncer del campo mexicano en línea

[3] Desinformémonos, diciembre 2012, Un balance fatídico (Centro de Derechos Humanos de la Montaña Tlachinollan) en línea

[4] Eva Alarcón Ortíz y Marcial Bautista Valle, son parte de la Organización de Campesinos Ecologistas de la Sierra de Petatlán y Coyuca de Catalán. Ambos fueron secuestrados por un grupo armado el día 6 de diciembre de 2011, hasta la fecha no han avanzado las pesquisas judiciales y policiales respecto a su paradero. (ver Queremos con vida a Marcial Bautista Valle y Eva Alarcón Ortiz: OCESP, Cencos en línea)

[5] Carbone Silvia y Benítez René, “Del territorio a la identidad travesías por la historia y el conflicto (propuesta de análisis identitario en Xochistlahuaca, Guerrero)”, en: Gutierrez, et.al., Antología de estudios territoriales. Fomento de los estudios territoriales en Iberoamérica, GEOTECH, México, 2008.

[6] Jacob Ian, La revolución mexicana en Guerrero: una revuelta de los rancheros, Era, México, 1982.

[7] Sánchez Serrano Evangelina, “La certificación agraria en la montaña de Guerrero y las comunidades indias: problemas y perspectivas”, en: Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales, Mayo-diciembre, año/vol. XLVI, número 188-189, Universidad Nacional Autónoma de México, Distrito Federal, México, 2003.

[8] Bartra Armando (Comp.), Crónicas del Sur. Utopías campesinas en Guerrero, Era, México, 2000.

[9] Radio Ñomndaa, “’Suljaa’: la flor que se llama Rebeldía”, en: Gasparello y Quintana (comps.), Otras Geografías. Experiencias de autonomías indígenas en México, Redes Tejiendo la Utopía, México, 2010.

[10] Monclau Gabriela y Delmanto Júlio, Desinformémonos, febrero 2011, Comunidades de Guerrero articulan la resistencia contra proyectos mineros en línea

[11] Bartra Armando y Otero Gerardo, “Movimientos indígenas y campesinos en México: la lucha por la tierra, la autonomía y la democracia”, en: Recuperando la tierra. El resurgimiento de movimientos rurales en África, Asia y América Latina, Sam Moyo y Paris Yeros, (coords.), CLACSO, Buenos Aires, 2008. Ver también: Sarmiento Sergio, El movimiento indígena en Guerrero, Ojarasca No 88, México, agosto 2004.

[12] Pronunciamiento del Municipio de Suljaa’ (Xochistlahuaca), Guerrero. México, 01 de diciembre de 2002.

SubVersiones
Agencia Autónoma de Comunicación (AAC)

Fotografías: Prometeo Lucero

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